La Montaña Alavesa da un paso firme hacia la sostenibilidad energética con la inauguración oficial de la central hidroeléctrica de Antoñana, que ya está en funcionamiento y es capaz de cubrir el consumo eléctrico de toda la comarca. Se estima que la planta generará alrededor de 2 millones de kWh al año, una cantidad suficiente para abastecer a los aproximadamente 3.000 habitantes de esta zona compuesta por seis municipios.
El lehendakari Iñigo Urkullu, acompañado por la consejera de Medio Ambiente Ana Oregi, presidió el acto de apertura, destacando que se trata de una iniciativa clave tanto para el desarrollo económico de Álava como para la protección del patrimonio natural vasco. Según sus palabras, esta central supone un «motor económico» para la región, al tiempo que contribuye a un modelo energético «100% renovable y asequible».
La infraestructura es gestionada por Barbo Energías Renovables, que adquirió la central en 2011 e invirtió en su renovación un total de 772.000 euros, de los cuales 172.000 fueron subvencionados mediante el Programa de Inversión en Energías Renovables impulsado por el Gobierno Vasco.
Iñigo Urkullu, con con el gerente de Barbo Energías Renovables, Pablo García Hernández. / Imagen: El Correo de Álava
Un legado centenario con tecnología actual
La historia de esta central se remonta a 1905, cuando fue construida por la Sociedad Electra-Hidráulica Alavesa para suministrar electricidad a una Vitoria que por entonces contaba con solo 30.000 habitantes. Aunque en su día pasó a formar parte de Iberduero, sus infraestructuras hidráulicas originales se conservan en perfecto estado, gracias a años de mantenimiento continuo.
La planta capta agua de los ríos Izki y Korres mediante dos tomas conectadas a una cámara de carga. Desde ahí, una tubería de casi un metro de diámetro y con un desnivel de 76 metros lleva el agua hasta la central, donde se transforma en energía.
Beneficios ambientales notables
Además del impacto económico y energético, la planta supone un alivio significativo para el medio ambiente. Su producción anual equivale a evitar la quema de 172 toneladas de petróleo y previene la emisión de 1.625 toneladas de CO₂ a la atmósfera. Estos datos representan el mismo efecto positivo que tendría un bosque de 5.400 árboles o la retirada de 1.400 coches de circulación.
Con proyectos como este, Álava refuerza su compromiso con un futuro energético más limpio, eficiente y respetuoso con el entorno.
Fuente: El correo de Álava







